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Ansiedad ¿Cómo se puede atender?

¿Qué es la ansiedad? Estas palabras que compartiré, vienen más de mi experiencia. Comenzaré diciendo que hay una gran ambigüedad acerca de esta palabra: ansiedad. Ha florecido radicalmente la idea que la ansiedad es una señal de alerta que el cuerpo o el cerebro envían a todo el organismo para estar en un modo activo, pero que no cuadra con el momento en que la persona está. Es decir, una señal de alerta pero en un momento que no corresponde a tal. ¿Usted también ha leído eso? Es muy probable que sí. De la misma manera que existen enormes mitos de otros fenómenos que se han vuelto malestares en la vida de las personas. 

Esta manera de concebir la ansiedad, evacúa por completo el resto de la subjetividad. Se enfoca exclusivamente en describir lo que fisionómicamente ocurre. ¿Usted está de acuerdo? Yo no. ¿Por qué? Sencillamente porque esta explicación no resuelve nada en la vida de las personas que sufren estas crisis. Pues detrás de ésta descripción psiquiátrica, se esconde todo un sistema que “casualmente” le resulta muy conveniente una definición llena de incógnitas y que además no existe solución más que “la pastilla mágica”. Sí, esa pastilla que supuestamente viene a alinear a todo el cuerpo con ese desajuste de alarmas. ¿Y la gente vive mejor? No.

Seré franco. Mucha gente queda atrapada en este sistema: la persona tiene estas crisis, va con el psiquiatra, recibe medicamentos, las farmacias ganan, la persona vuelve a su vida, reaparecen las crisis a pesar de las dosis… y el círculo sigue así… sólo que cada vez se sube la dosis o se intenta con otro medicamento, mientras las farmacias siguen ganando. Entonces la persona está destinada a vivir por el resto de sus días en una relación de dependencia con la farmacia, el médico, las pastillas y las crisis de ansiedad.

No estoy de acuerdo con esta manera de entender las crisis de ansiedad, ni mucho menos en la manera de atenderlas. Aquí quiero tratar de ponerme en los zapatos de quien tiene una crisis de ansiedad por un momento. Entonces me preguntaría ¿me hace sentido que esto que padezco, sea sólamente porque hay algo en mi cerebro o mi cuerpo que está desajustado? ¿Realmente vivo mejor con las medicinas? ¿Me interesaría preguntarme si existen otras maneras de lidiar con mi situación y quizás sentirme mejor?

Es que para empezar, no son nada baratas las consultas con los psiquiatras, las medicinas tampoco lo son y los efectos de éstos tratamientos, tienen tantos huecos. 

¿Por qué entonces desechar el resto de la subjetividad? 

Quiero aclarar un poco a qué me refiero con esto de la subjetividad de un modo simple. La subjetividad es todo aquello que constituye su vida: como sus sentimientos, sus relaciones, sus pensamientos, su familia, sus deseos, sus miedos, sus historias, su situación económica, los sucesos que marcan y todo aquello que expresa quién soy. El cuerpo no es la única expresión de quién soy. Y por lo tanto, no concibo una manera de tratar con las crisis de ansiedad donde no haya un lugar para todos estos elementos de la subjetividad.

Si usted padece de las crisis de ansiedad o si conoce a alguien que viva ésto, ¿usted diría que esas crisis no tienen relación alguna con cualquiera de esos otros elementos subjetivos?

 

Dentro de mi manera de atender, cuando escucho que la persona sufre por la ansiedad, procuro hacerle preguntas para ahondar más en este malestar. Como por ejemplo, ¿cuándo comenzó a sufrir estas crisis? ¿cuándo fue la primera ocasión?, ¿Qué me podría contar de lo que le ocurría en su vida en el momento cuando tuvo esta primera crisis?, ¿Hay alguien cercano a usted que también padezca de algo parecido?, ¿Qué pensamientos le llegan a la cabeza justo en el momento que detonó la crisis?, ¿esos pensamientos o sentimientos, tienen alguna relación con la historia o los antecedentes de su vida?, además de la ansiedad o ataques de pánico ¿hay alguna otra cosa que le ocurra y le llame la atención (como por ejemplo no dormir, tener pesadillas recurrentes, ideas que lo invaden una y otra vez, sentimientos de tristeza, etc)?, ¿cuándo fue la última ocasión que tuvo un episodio así?, ¿qué estaba ocurriendo en su vida en el momento exacto que comenzó la más reciente crisis?, ¿ha notado si las otras ocasiones tienen algún común denominador?

Cada caso es diferente. No existe un cuestionario que concluya en una solución o problema universal. Las preguntas pueden variar y llevar a historias distintas. Pero lo importante de éstos ejemplos es que permiten preguntarse más allá de sólo una reacción física. Pues está muy claro que quien ha vivido un ataque de pánico o crisis de ansiedad, sabe que el cuerpo es como un pararrayos que sufre la descarga en un santiamén de una terrible angustia. Algunas ocasiones la angustia se siente como una muerte que devora. Entonces no se trata de darle más motivos al cuerpo para que siga siendo el pararrayos. ¿No se trataría más bien de ver de dónde vienen esas nubes, los truenos y los relámpagos? 

Pero aquí nos topamos con lo que puede sentirse como la mayor dificultad de esta situación; pero también es la clave. Quizás que en el fondo sí se sabe de dónde vienen esas nubes negras. Quizás que sí se conoce cómo comenzó la ansiedad. Y quizás que sí se conoce lo que puede implicar hacer frente a la tormenta. Y eso puede generar una fuerte angustia. Por eso es que también para algunos es preferible la pastilla paliativa que adentrarse a la tormenta. 

Es totalmente comprensivo tener miedo, angustia, vergüenza, culpa, apatía, etc. ¿A quién le gusta hablar de las tormentas que nos habitan? No es un gusto hablar y revivir temas que han dejado marcas importantes. Sin embargo, aquí hay un papel importante en aquellos que nos dedicamos a escuchar y atender situaciones así. Pues quien ha experimentado atravesar tormentas, ya no cierra los ojos fácilmente con cualquier trueno. Hay quienes hemos experimentado la compañía para atravesar nuestras tormentas y llegado a otra ubicación, otra posición en la vida. Esos, son quienes pueden después acompañar a otros bajo las nubes negras. De eso se trata un psicoanálisis. Y esta es quizás una manera de plantear lo que puede ocurrir cuando alguien toma la decisión de transformarse la vida. Desenterrarse los piés. Dejar de cubrirse pobremente. Buscar una manera de dar pasos a pesar del suelo  fangoso y resbaloso. Encontrar cobijo y calor. Aprender a mirar con los ojos humedecidos. Buscar mejores lugares para habitar. Descubrir que en una tormenta es inevitable empaparse y que nadie se muere por mojarse; sino por no encontrar mejor refugio y calidez en la vida.

Dejaré que usted me cuente qué hay detrás de esa ansiedad. Puesto que cada vida es diferente. Para alguien las crisis comenzaron con una ruptura amorosa. Habrá alguien que quizás fue por la muerte de alguien. Otros por vivir una experiencia traumática. A alguien quizás le ocurren los ataques cada que se siente como un fracasado. Quizás a alguna mujer le ocurre cada vez que siente que está por perder a su pareja. Puede que una madre tenga estos episodios cuando no sabe más cómo lidiar con su maternidad. O quizás un padre que viene guardando muchos problemas desde su infancia y sólo aprendió que era eso o tomar. Quizás a algún joven le ocurra cada que tiene que vérselas con sus compañeros de la escuela. A lo mejor a un niño le ocurre por las noches después de tener la misma pesadilla una y otra vez. O quizás a una niña, la ansiedad le llega cada que escucha las peleas en casa. O desafortunadamente alguien padece de estas crisis cuando alguna situación sexual ocurre. También puede que alguien sufra de ansiedad y al mismo tiempo fuertes llantos e ideas de muerte. También es posible imaginar que a alguien le ocurre cada que en el trabajo o la escuela se avecina un fuerte objetivo. Otros será por no saber cómo resolver sus temas con el dinero. O tal vez la ansiedad viene acompañada de los peores escenarios y más catastróficos que se pueda imaginar. En fin. A cada quién le toca descubrir qué hay en esos tormentos de ansiedad y buscarse una manera para sostenerse en la vida.

Eric Hernández Morales

Costo por sesión $400 MXN

Acerca de mí

Estudios

  • Licenciado en Psicología por la Universidad de las Américas
  • Maestro en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México
  • Seminario de lectura serial de los seminarios de Jacques Lacan
  • Taller de los escritos de Lacan
  • Círculo de lectura de las Obras completas de S. Freud.
  • Dispositivo de lectura del libro Localización del analista.
  • Seminario clínico de psicoanálisis.

Experiencia clínica

  • Asilo Primavera I.A.P.
  • Hospital Psiquiátrico Juan N. Navarro.
  • Centro Comunitario San Lorenzo.
  • Centro de Servicios Psicológicos “Dr. Guillermo Dávila”
  • Casa Psi.
  • Neopraxis.
  • Lalia Mx

Actividades

  • Supervisión de casos
  • Colaborador en la revista de psicoanálisis Litoral editores.
  • Docente de la licenciatura en psicología en Universidad YMCA.
  • Tallerista en temas de:
    • La interpretación de los sueños,
    • Técnicas de la entrevista,
    • Comunicación, relaciones de pareja,
    • Sexualidad,
    • Grupo Terapéutico a través de las emociones,
    • Las letras chiquitas del dinero
    • Introducción al psicoanálisis

Sesiones a distancia

La pandemia nos trajo una situación complicada respecto de la manera de sostener las sesiones. La manera “tradicional” dicta que las sesiones deben ser presenciales. Como si fuese una regla que de no cumplirse, se cree que entonces son “menos efectivas“, “menos importantes“, “menos claras“, “frías” o sencillamente que no es posible tener un diálogo fluido cuando es por teléfono o videollamada. 

Pero la realidad de las sesiones a distancia es otra. Con el paso de la pandemia, fue un cambio requerido el pasar las sesiones presenciales a sesiones por llamada telefónica o videollamada. Pues el riesgo de los contagios y las consecuencias en la vida entre los que pasamos por el consultorio, estaba latente. No sólo la vida y la salud (así como otros factores) de los que físicamente nos encontramos en el consultorio, sino también de la gente cercana; porque inevitablemente los contagios del covid, son extensivos. 

Es por eso que las sesiones a distancia enfatizaron la posibilidad de revalorar lo que es más importante en este espacio: la vida. A final de cuentas, de eso se trata también un análisis: una apuesta por la vida.

Las sesiones vía remota, no son exclusivas por la pandemia, ni mucho menos nuevas. Es una manera de posibilitar los lazos para hablar y llevar este espacio, a pesar de que por alguna razón no sea posible el encuentro dentro del consultorio. También hay gente que decide tener sesiones de este modo, porque quizás no les gustó la atención que encontraron en otros lugares, otros territorios; y quizás se sintieron más cómodo con la persona que los escucha al teléfono. Por que lo más importante para las sesiones no es la presencia física, sino la escucha. Es por esta razón, que dentro de mi manera de escuchar, incluye la posibilidad de las sesiones a distancia. Si a usted le interesan las sesiones por ésta vía, con gusto podemos agendar un espacio. Para mucha gente, puede que haya un escepticismo de ésta modalidad. Sin embargo, quiero hacer una invitación para que experimente aunque sea una ocasión por ésta vía si es que tiene dudas.

Claro está, que también existen razones fuertes para que el consultorio sea un mejor espacio de encuentro; como que por ejemplo para algunas personas es totalmente imposible tener sesiones a distancia al no contar con un espacio donde no haya interferencias, interrupciones y la confianza para poder hablar de ciertos temas. Ante una situación así, podemos explorar alternativas. 

Lo que puedo compartir acerca de las sesiones a distancia es que no son un impedimento para lo que puede ser un análisis. Con esta modalidad también ocurren ciertos cambios en la manera de tener la sesión. Instrucciones que le podré dar para entonces favorecer que nuestra conversación no sea empobrecida. Lo invito nuevamente a que si tiene alguna duda de ésta modalidad de sesiones, me contacte y podré resolver su inquietud.